El colapso de la clase media de Afganistán

Calle comercial en una ciudad de Afganistán. (Foto: Pixabay)
Calle comercial en una ciudad de Afganistán. (Foto: Pixabay)
La incipiente clase media que se formó en los últimos 20 años desaparece bajo los escombros de la economía afgana.

“Lo hemos perdido todo, hemos perdido nuestras mentes”. De este modo, resume su situación un hombre afgano, poco después de inscribirse en el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, para garantizar que su familia no muera de hambre.

Hasta hace poco más de cuatro meses este hombre ganaba un buen sueldo con su trabajo y podía enviar a sus hijas a una escuela privada. Ahora no tienen para comer y sus hijas no pueden estudiar, porque la educación pública no permite niñas en secundaria.

En una situación parecida se encuentran millones de afganos que durante 20 años crecieron y prosperaron como comerciantes, empleados, profesionales, periodistas, escritores, empresarios y empleados del gobierno.

La mayoría ha perdido sus trabajos y fuentes de ingresos, sus hijos, y especialmente sus hijas han visto su proceso educativo interrumpido, muchos han tenido que abandonar sus viviendas y vender muebles y cualquier objeto de valor para poder sobrevivir. En cuatro meses la clase media afgana ha llegado al borde de su extinción.

Una crisis humanitaria de vastas proporciones

Para la ONU se trata de una emergencia humanitaria que afecta a todo Afganistán, donde el 22 % de la población vive en situación de hambre, y otro 36 % se encuentra en situación precaria al no poder comprar comida.

Sin embargo, no se puede responsabilizar por completo a los talibanes por esta situación. Ya en 2020 la mitad de la población se encontraba en situación de pobreza.

El gobierno anterior tenía problemas para pagar a sus empleados desde hacía un buen tiempo, situación que empeoró en 2020 con la llegada de la pandemia del coronavirus, junto a una sequía que encareció el coste de los alimentos.

Pero el drama ahora es mucho mayor: a los hospitales llegan niños hambrientos, y la situación no deja de ser crítica a pesar del trabajo conjunto del Programa de Desarrollo de la ONU, la Unicef y la Organización Mundial de la Salud, que como parte de su labor pagan a médicos y enfermeras para evitar que el sistema de salud termine de derrumbarse.

El Programa Mundial de Alimentos ha proporcionado dinero y comida a unos 14 millones de afganos en 2021, y está buscando recursos para poder alimentar a 23 millones en 2022.

La muerte de la clase media

Con el triunfo de los talibanes y su incumplimiento de las promesas de hacer un gobierno inclusivo, la situación empeoró: los recursos financieros que recibía Afganistán desde el exterior fueron bloqueados, dando un golpe mortal al sector financiero afgano, pero también a muchos proyectos civiles que recibían apoyo del exterior.

Un ejemplo de esta situación, entre cientos de miles, lo constituye Shafiqullah Alokozay, un joven empresario entrevistado por la corresponsal de El País. Alokozay consiguió respaldo del exterior para crear una empresa orientada al uso de la energía solar, y establecer plantas de suministro en Kabul y otras dos ciudades.

El empresario estableció una oficina en Kabul con 10 empleados, cinco hombres y cinco mujeres, utilizando un préstamo personal proveniente de Ucrania, y con el triunfo de los talibanes perdió absolutamente todo.

Parte de la clase media afgana formada desde 2001 ya ha optado por la emigración, incluso a países como el vecino Irán, con todos los peligros que implica el cruce de la frontera. Pero hay otra parte que ha decidido quedarse y resistir, con la esperanza de que los talibanes cedan a la presión internacional, y los recursos del exterior vuelvan a llegar.

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