Etiopía: inmersa en una guerra civil por el conflicto de Tigray

Reunión con el Primer Ministro de la República Democrática Federal de Etiopía, Abiy Ahmed. (Foto: Wikimedia)
Reunión con el Primer Ministro de la República Democrática Federal de Etiopía, Abiy Ahmed. (Foto: Wikimedia)
La guerra civil etíope amenaza con extenderse por conflictos políticos y étnicos con la región de Tigray.

Abiy Ahmed, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2019 y primer ministro de Etiopía, declaró el estado de emergencia en todo el país el 2 de noviembre de este año, y a través del medio gubernamental Fana Broadcasting Corporate, afirmó que lo hacía:

“Con el objetivo de proteger a los civiles de las atrocidades cometidas por el grupo terrorista TPLF en numerosas regiones del país”.

Por este motivo, las autoridades de la capital, Adís Abeba, solicitaron a todos los vecinos una organización barrial con miras a defenderse y dio dos días para que registren sus armas; además, pidió a los ciudadanos que pusiesen a la orden sus vehículos.

Antecedentes de una guerra

El Frente de Liberación del Pueblo de Tigray (TPLF) fue el partido gobernante antes de la llegada de Ahmed al poder. Etiopía está formado por dos ciudades y 10 regiones con gran autonomía.

Los gobiernos regionales se dividen según las etnias, con costumbres muy arraigadas. El TPLF gobernó por décadas el país con mano de hierro, lo cual provocó levantamientos que obligaron a Hailemariam Desalegn, el anterior primer ministro, a dimitir.

La clase dirigente de entonces nombró a Abiy Ahmed como la persona ideal para encarrilar al país, pero sin hacer cambios muy profundos en el orden político. Casi al mismo tiempo que se convirtió en primer ministro, Ahmed reorganizó la coalición gobernante del TPLF.

El Frente Revolucionario del Pueblo Etíope (EPRDF) estaba formado por cuatro partidos, y la reorganización fundió estos cuatro partidos en uno solo, el Partido de la Prosperidad, sacando del terreno político al TPLF.

Muchas regiones temieron que el sistema federal del país se fuera a pique, y con él las garantías de las autonomías en estados étnicamente definidos. Tigray, una de esas regiones, se acuarteló en las montañas y siguió controlando su gobierno regional.

Sin embargo, en septiembre de 2020, los tigrinos siguieron adelante con las elecciones parlamentarias regionales, pospuestas por Ahmed, siendo calificadas por este como ilegales y cortando la financiación a dirigentes del TPLF.

Esto promovió una escalada de violencia que se desató en guerra el 4 de noviembre de 2020, tras acusar al TPLF de un ataque al ejército federal en las afueras de Mekelle, capital regional de Tigray.

Un año después

El ganador del Premio Nobel de la Paz de 2019 declaró la guerra en su país, y no parece, a un año de comenzada, que fuera a tener un fin cercano.

Las fuerzas del TPLF están acercándose a la capital, Adís Adeba, y según su portavoz, Getachew Reda, se hicieron con el control de dos localidades estratégicas, Dessie y Kombolcha.

Getachew escribió por Twitter: “Nuestras fuerzas continuarán tomando todas las medidas apropiadas para romper el asedio a la población de Tigray”. El gobierno central rechazó que los rebeldes controlasen dichas ciudades.

El problema es que Abiy Ahmed ha mentido en varias cosas: en que no hay tropas eritreas en Tigray (que sí las hay) y que la población civil no se ha visto afectada.

Según investigaciones de Amnistía Internacional, la ayuda humanitaria no llega a Tigray por el difícil acceso y porque las tropas eritreas (aliadas del gobierno federal) impiden que llegue a destino.

Por otra parte, existen informes de saqueos, violencia sexual, arrasamiento de campos de refugiados y masacres. El gobierno de Etiopía, que restringió drásticamente el acceso de los periodistas, niega todo.

Líderes mundiales piden a las partes el cese de las hostilidades y que se ayude a más de 7 millones de personas que sufren hambre y desplazamientos por esta guerra.

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